LA MAYORÍA NECESITAMOS LOS HUEVOS… ALGUNOS INCLUSO CON DOS YEMAS

[…] después se nos hizo tarde, los dos nos teníamos que marchar, pero fue magnifico volver a ver a Annie. Me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que era tratarla… y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: Doctor, mi hermano está loco cree que es una gallina. Y el doctor responde: ¿Pues por qué no lo mete en un manicomio? Y el tipo le dice: Lo haría, pero necesito los huevos. Pues, eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos. (Woody Allen -Annie Hall, 1977).

allen

Me acordé que tenía guardado por ahí en mi mente la última escena de la película “Annie Hall”, para hacer alguna reflexión cuando me llegase la inspiración, y mira por donde después de ver este último peliculón, me ha llegado:

Hablaré sobre el amor… o desamor. Esa pena tan placentera. Eso que nos atormenta pero que, siempre, terminamos necesitando. Allen relata desde un punto de vista casi personal una historia que bien podría ser la de cualquiera de nosotros. El chiste final de la escena resume no ya las relaciones sentimentales, sino la vida en general, cuando ambos se reencuentran después de idas y vueltas. En esta última toma se muestra la realidad. Y es con la realidad con la que se resuelve un conflicto de la manera más sencilla posible. Aceptando de la manera  más dura posible el vacío que nos queda después de haber disfrutado de un momento único y la imposibilidad de tenerlo otra vez, sólo queda  el eco de un buen recuerdo.

No tengo ninguna respuesta con respecto a la irracionalidad de las relaciones, tampoco Woody Allen la tiene, solo sé que son menos irracionales si la persona que tenemos al lado nos hace reír mucho y bien. Ya lo decía Borge “la risa es la distancia más corta entre dos personas”. Entonces me puse a pensar en la gente que me rodea, mis amigos, mi familia, mis compañeros de trabajo… y concluí que todos, de una manera u otra, cumplimos con la parte que nos toca de irracionales, locos y absurdos, pero que en el fondo todos necesitamos los “huevos” que nacen de esas relaciones. Y pienso que no es malo, todo lo contrario; racionalizar excesivamente nuestras relaciones resultaría aburridísimo, ya las racionalizamos bastante y seguramente por eso, nuestra vida es tan… ¿absurda?

No todo está escrito en cuanto a relaciones de pareja se refiere, la naturaleza humana no deja de sorprender a quienes trabajamos con personas y específicamente con familias. A veces los finales no son felices, otras veces, puede que sí, sin embargo todo final es lo mejor que puede pasar. Dicen por ahí que “Al final todo saldrá bien, y si no sale bien es que no es el final”. El amor no se propone como la solución, ni de alguna manera recae en nosotros como un regalo. ¡Es una oportunidad! Lo extraño es que a veces se aprovecha y a veces no.

Todos hemos pasado por crisis emocionales. Todos hemos tenido una relación fallida. Y todos hemos quedado atados a un pasado que nos cuesta olvidar, y del cual nos preguntamos siempre el “¿Qué hubiera pasado si…?”. Esta pregunta, y todas las otras que se generan cuando hablamos de relaciones sentimentales que no resultaron de la mejor manera, nunca tendrán respuesta. Solo queda la eterna búsqueda de la justificación y la conveniencia absurda que puede dar tranquilidad a cualquier persona que piensa que el futuro traerá algo mejor. No es posible tomar esos hechos y apartarlos de los constantes cambios que nuestra personalidad sufre cuando entramos en una nueva relación. Y es que cada una de estas deberá ser considerada como innovadora si se desea disfrutar.

Hoy quería rendir  una especie de homenaje a todas esas parejas complicadas, que empiezan y acaban pero siguen adelante. De lo complicado que es llevar las relaciones de pareja y del tremendo esfuerzo que supone seguir adelante una vez que todo ha acabado. Esas relaciones que son tan extrañas e irracionales pero que irremediablemente son necesarias para los seres humanos a pesar de que son dolorosas. El continúo tropezar en las relaciones de pareja que nos hacen vibrar y cuando se acaban, solo nos queda el recuerdo.

Como los personajes de la película, en realidad lo que pretendemos es estar bien con nosotros mismos y con las personas que queremos. Creo que inconscientemente es uno de los motores que nos mueve. Simplemente queremos querer… y que nos quieran. La clave está en el “a quién” y en el “con quien”. Y ahí es donde, de una manera o de otra entra en juego nuestra necesidad de los demás, nuestra necesidad de los “huevos” que nos dan esas relaciones… nunca perdamos la ilusión de que aparezcan huevos de la nada. Aunque no haya gallinas.

NOTA: Porque aunque ahora pueda parecer absurdo, antes de su estreno casi nadie hablaba abiertamente de sus problemas sexuales y de sus visitas al psiquiatra o el psicoanalista. Y a partir de Annie Hall esos temas dejaron de ser tabú.

SANDRA LORENTE MUÑOZ
Educadora social.
Terapeuta Familiar i de parella sistèmica a Nou Espiral.

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